domingo, 14 de diciembre de 2025

Amor al arte

 

AMOR AL ARTE

 

La mano acaricia el recuerdo dorado

de soles de enero y trigales de campo

cuando allá en la infancia nada faltaba,

el tiempo sobraba y lento pasaba.

Las sierpes de tierra, los árboles altos,

las silvestres flores tan multicolores

y las mariposas, nubes andarinas,

alfombraban toda la enorme campiña.

Una niña ignota, dada al pensamiento,

alzaba sus ojos un tanto tristones

al inmenso cielo buscando aquel Dios

que era muy distinto del que duda hoy.

Sentada en el umbral de la vieja casona

tendía al horizonte la mirada larga

para que alcanzara la línea irreal,

esa que hoy descubre es la nada misma;

ilusiones ópticas de este mundo infiel.

La vida es tan chata cuando no se es niño

que es todo un trabajo redimir anhelos,

armarse un crisol que contenga sueños

de esos que obsequiaban en antiguas ferias.

 

Si hay algo que salva al hombre

del tortuoso periplo, absurdo y terminal

es amor, no el amor humano

imperfecto, ingrato, inconforme, llano,

artero, egoísta, limitado y dual.

Es amor al arte, amor salvador…

En una pintura y en una poesía

cabe todo un mundo

el que fue, el que es,

el que pasa y el que queda impreso

en la inmortalidad.

 

SILVANA MARÍA MANDRILLE

 

Mención Especial

24º Certamen Internacional de Poesía

Ediciones Mis Escritos

Lanús (Bs. As.), diciembre de 2025




miércoles, 30 de abril de 2025

Trasmutar

 

TRASMUTAR

 

La vida es tan larga,

la vida es tan corta.

Si no hay ilusiones

no hay vida que exista

en la indiferencia,

en el ensordecedor ruido

de la ciudad inmensa;

si no hay anhelos,

el rencor y el odio

carcomen el alma.

 

Hay que armarse sola,

hay que amarse sola…

Levantarse, reinventarse,

festejarse logros;

ser audaz y un tanto aventurera.

Tener un corazón

a prueba de balas,

de fangales y páramos

esquivando puñales en la espalda.

 

“Te quiero, no te quiero…”

Así perdió sus pétalos

la pobre margarita

sin culpa ni parte,

sólo por una creencia de la juventud.

Se pasan los días, los meses, los años;

mas guardo un traje hecho de sueños

y lo uso siempre (casi siempre)

hasta que llega la tristeza

y me viste de sepia.

La gran magia existencial

es que en poco tiempo

recupero el atuendo

que me hace sentir

que estoy hecha de sueños…

 

Feliz, muy feliz

de lucir tan plena.

 

SILVANA MARÍA MANDRILLE

 

Tercer Premio Género Poesía

22º Certamen Literario Nacional y Países de América del Sur 2024

Premio: “Sra. Nilda Aurelia Hernández”

Los Toldos (Bs. As.), abril de 2025




Reencarnación

 

REENCARNACIÓN

 

Había una vez o ahora (no sé bien) en un mundo que era otro o este (no sé bien) un ser que era hombre o no (no sé bien), y que tenía cualidades extrañas o no tanto, (no sé bien). Lo que sí sé es que estas cualidades lo convertían en un ser capaz de nacer y morir muchas veces. O lo que es mejor decir, tenía el privilegio o la desdicha (no sé bien) de vivir numerosas vidas.

 

I

 

La primera vez que nació, creció en el seno de un grupo tranquilo, tal vez demasiado sosegado. Y así desarrolló un temperamento apacible, por demás sereno. Su misión fue reposar todo lo que duró su aburrida existencia sin intervenir en el mundo para nada.

     Cuando murió tuvo un final calmo, como no podía ser de otro modo, rodeado de parientes y conocidos que lo apreciaban, pero en quienes no había despertado ninguna emoción singular, nada tenían para agradecerle, nada tenían para reprocharle. En su lápida escribieron: “Aquí yace un ser que fue como la aspirina, no hizo ni bien ni mal”

 

II

 

El próximo alumbramiento no se hizo esperar demasiado. Cuando abrió nuevamente los ojos a la vida, había olvidado por completo su existencia anterior. Le tocaron unos progenitores egoístas y faltos de afecto que no lo trataban bien: discutían, lo descuidaban, le imponían penitencias absurdas. Hasta que un buen día se separaron y el pobre ser, aún en su etapa de germinación, quedó indefenso y a la deriva. De adulto fue tímido, poco comunicativo, muy introvertido. Casi no tenía amigos, tampoco pudo formar su propio grupo. Cuando murió, solo y en un geriátrico, lo velaron los nonos internos y las enfermeras del lugar. En su tumba no pusieron ninguna inscripción, pero la dueña del Hogar se acercó al féretro con un dejo de beneplácito en su rostro, en el que se podía leer: “por fin uno menos que espute por los rincones.”

 

III

 

En su tercera venida a esta dimensión vivió como un rey en un bello palacete, rodeado de lujo, prestigio y poder. Todos los seres de la comarca le obedecían y él se autoproclamó dueño absoluto de aquellas almas. Lejos de desarrollar sentimientos de altruismo y misericordia para con sus semejantes, ordenó contra ellos todo tipo de atrocidades cual verdugo cínico e inmune a los pedidos de clemencia de sus víctimas. Pero cuando le llegó a él su momento de abandonar el cuerpo, fue a manos de un bárbaro tan poderoso, sanguinario y atroz que ninguna imaginación podía haber abarcado nunca jamás. Y en el mármol se mandó grabar la frase que luego sería tan famosa: “A rey muerto, rey puesto”.

 

IV

 

Luego de esta muerte, el extraño ser anduvo divagando por el limbo un tiempo que representó más o menos trescientos millones de años. Hasta que un día volvió convertido en un narcotraficante inmiscuido en asuntos oscuros. Había perdido la cuenta del dinero y también de los enemigos ganados. Millares de jóvenes morían a causa de la droga con la que conquistaba sus corazones vulnerables. Sin embargo, del señor narco nadie podía decir que no era un señor, pues en cada lugar donde plantó el veneno, abrió un centro de rehabilitación donde se ofrecía (a no muy bajo costo) el antídoto. Este ser despreciable, a su muerte (que fue a causa de una infección horrible generalizada), dejó como lección a aprender aquello de que “cada uno cosecha lo que siembra”, enunciado que quedó prolijamente tallado en su sepulcro.

 

V

 

Finalmente, aunque esta vez tuvo que transitar un billón de años por el espacio sideral acompañado de monstruos de dos cabezas e infinidad de ojos, regresó a la vida trayendo amor y bendiciones para compartir con sus hermanos. Fue un gran misionero: austero, servicial, compasivo. Convivió con las tribus que aún quedaban en medio de la selva, peleando por sus derechos a conservar las tierras. También se encontró ayudando a los heridos de una gran guerra que se desató por aquella época. Cuando este buen ser completó su ciclo vital, lo despidieron como a un santo, lo lloraron y lo extrañaron. Esta vez el final había sido a una edad avanzada y se fue con una expresión de paz en el rostro. En su tumba reza el pensamiento “sirve para vivir quien vive para servir”, pensamiento que se instauró desde entonces como un sello de distinción.

 

VI

 

Cuando creía que ya no hacía falta encarnar nuevamente, sino quedar para siempre en estado de espíritu puro y ser guía de otros espíritus que aún estaban aprendiendo algunas lecciones, una voz que salió de su interior se hizo escuchar con gran fuerza y casi resonó como una orden…

-¡Debes regresar a la tierra!

-Ya he aprendido todo lo que necesitaba para conocerme a mí mismo… ¿Por qué volver?, susurró la voz aprendiz a la voz maestra.

 -Regresarás porque aún tienes que aprender quienes son los otros, susurró la voz maestra.

-¿Y cuál sería mi nueva misión?, preguntó el ser algo desconcertado.

-Les llevarás algo fundamental que les dará aliento siempre.

-¿Qué?

-Oxígeno.

-Ah…

-Y también los librarás del dióxido de carbono que desalienta, contamina y asfixia. Sólo que para cumplir esta misión serás una multitud de árboles esparcidos por todos los rincones del planeta. Tu destino sería vivir para siempre pero el humano te destruirá y así YO tomaré la tarea de reconstruir la tierra, y en el tiempo que me lleve hacerlo, colocaré un cartel sobre su faz que dirá: “La tierra prometida se está gestando una vez más. Espero que esta vez aprendas a cuidarla”.

 

APOSTILLA: Como la pérdida fue total, esta vez mi trabajo no se puede limitar a siete días. El tiempo que demore en la restauración será proporcional al que utilizaste en arruinarla.

 

Silvana María Mandrille

 

Mención Nacional Género Cuento

22º Certamen Literario Nacional y Países de América del Sur 2024

Premio: “Sra. Nilda Aurelia Hernández”

Los Toldos (Bs. As.), abril de 2025




jueves, 2 de enero de 2025

El destino no pregunta

 

EL DESTINO NO PREGUNTA

 

Debió fingir como un tal Borges

que anduvo por caminos bendecidos

cumpliendo sus quimeras juveniles

e idolatrando a la mujer que lo amó,

como si hubiera sido su elección y

su plácido destino.

 

Debió creer, como un tal Benedetti,

que “La Tregua” fue solo una novela

y “Hagamos un Trato” su mejor poesía,

sin sopesar esa simpleza intrínseca

que lo hacía un hombre triste

embarcado en soledades y melancolías.

 

Debió pensar como Cortázar

y deshacerse del aburrimiento

inventando palabras

que en ningún diccionario encontraría,

para hacer lúdico y entretenido

este mundo en el que no eligió habitar.

 

Debió, tal vez, nacer con el karma de un Lorca

para que a edad temprana

fusilaran, sin piedad, todas sus ilusiones

y en completa razón de su rebeldía

dejarse morir como los hombres de antes

sin llanto ni pedido de clemencia.

 

Debieron ser… ¿hombres o destinos?

 

Silvana María Mandrille

 

Tercer Premio Género Poesía

1er Concurso Literario “Profesor Jorge Daniel Testori”

SADE Filial Ensenada

Ensenada (Bs. As.), noviembre de 2024





 LOS PREMIADOS

 

Los ganadores en la categoría Poesía fueron: 

 

Primer Premio: “Un lunes de enero” de Elena Nilda Pahl (Río Cuarto - Córdoba)

Segundo Premio: "Cielo celeste claro" de Carmen Irene Vera (Puerto Esperanza - Misiones)

Tercer Premio: "El destino no pregunta": Silvana María Mandrille (San Francisco - Córdoba)

 

Las Menciones fueron destinadas a los siguientes poetas: 

 

Juan Carlos Pirali (Dolores - Bs. As.) por "Aborigen de América"

María Eugenia Huck (La Plata - Bs. As.) por "Reciclando sueños"

Marisa Spessot (Chañar Ladeado - Santa Fe) por "Donde mueren los recuerdos"


sábado, 29 de junio de 2024

Volver... Siempre volver

 

VOLVER… SIEMPRE VOLVER

 

El poema rompe en versos,

         desando caminos,

                   rescato recuerdos.

El alma estalla

         en infinitos cristales

                   de sueños.

Son de aquellos

         espejos rotos

                   que todavía conservo

                   en rincones de apego.

Son las fotos más bonitas,

         aún en blanco y negro,

son escenografías

         sin personajes siniestros.

Mis dedos se aceleran

         y escriben,

no escuchan a la delatora razón.

Las palabras fluyen,

         son puro corazón.

 

Volver… Siempre volver

a mi pequeño pueblo

         con soles por nacer,

         con tardecitas de mates

         y pasteles de abuela…

Con el almacén de Ramos Generales

atendido por sus dueños:

         Don Renato y Doña Nélida.

En una de las cuatro esquinas,

         el bar de naipes y tragos;

en la otra el Jesús

         invicto de dudas,

         reparador de engaños.

Más allá la escuela,

en el medio la plaza…

Lugares donde la inocencia juega

 

Volver… Siempre volver,

recuperar la arboleda

         salpicada de rocío.

Mis ojos llenos de verde,

mis oídos sordos de trinos,

mis manos con mariposas.

         …Y los capullos campestres,

jueces o cómplices

del Edén  que habito.

 

Volver… Siempre volver

         donde un tanque regador,

         donde un caballo manso,

         donde un perrito blanco…

Donde ser niño era presente y bendición.

donde no había antes

         ni asomaba el después.

 

Mientras duerma la conciencia,

el corazón-barrilete

vuela alto, alto, alto…

        

Volver… Siempre volver.

 

Silvana María Mandrille

 

Tercera Mención Especial - Género Poesía

I Certamen Literario Nacional “Suri-Voces” 2024

“Suri” Colectivo Cultural y Grupo Literario “Voces y Versos”

Jujuy, junio de 2024






martes, 4 de junio de 2024

Café


CAFÉ


Una taza,

dos cucharadas de azúcar,

revuelvo el café.

 

Una noche

de sábado vacío,

no sé qué hacer.

 

Extraño

no sé a quién,

a mí en otro sitio

con otra gente

en otro tiempo.

 

Rutina intolerable,

no me dejes

plantada en el mismo lugar

como un árbol sin hojas

en plena primavera.

 

Vida,

que a veces me colmas

y otras me quitas

el fervor de seguir andando,

cansada y derrapando penas

por las escaleras del tiempo.

 

Dormir y soñar,

no hay otra opción

ni volver atrás

ni avanzar los números

de los calendarios.

 

Quedarse

en un mundo roto,

a la cruda intemperie

o adentrarse en el propio corazón

y protegerse de avatares el alma

hasta que vuelva la calma,

o se estrelle en mis oídos

fuerte el ruido

de las cosas que se rompen

allá afuera.

 

Una taza

dos cucharadas de azúcar,

revuelvo el café.

 

Silvana María Mandrille

 

Mención Nacional Género Poesía

21º Certamen Nacional y Países de América del Sur 2023 - Premio Prof. Rosa Ester “Toty” Lui

Los Toldos (Buenos Aires), mayo de 2024





Los tres amigos

 

LOS TRES AMIGOS

 

En la guerra nunca hay lugar para la paz. A veces, una tregua que comienza con la alegría de escribir una carta al amor que está lejos, concluye con la voz cantante y sonante del general de turno, ordenando volver a la trinchera. Octavio con sus escasos dieciocho años no había dejado novia esperándolo, pero sí una madre y una abuela que lloraban por él. Era hijo único y sin padre vivo. Había sido un tanto sobreprotegido y su aspecto aniñado (como si se pudiera tener otro a esa edad) daba impresión de debilidad y escaso amor por la patria. Como todo joven soñaba. Su anhelo era ser ingeniero como había sido su progenitor y enorgullecer a sus seres queridos con su título. Ser soldado había estado muy lejos de sus aspiraciones en el Buenos Aires querido donde había nacido.

 

Laureano, tucumano de ojos negros y azucarados, extrañaba los cañaverales donde siempre había trabajado. De familia humilde y corazón generoso, le escribía a su hermana menor que en cuestión de días cumpliría sus quince primaveras. Él siempre la cuidaba y la acompañaba a los bailes. La defendía y protegía de quienes quisieran aprovecharse de su inocencia. Recostado en el catre y con su mirada nostálgica perdida en un punto incierto, se preguntaba quién la cuidaría ahora que él faltaba en su terruño. Tampoco había imaginado vestir aquel uniforme verde botella y pelear por su patria, pero se sentía entusiasmado de luchar por su bandera y convertirse algún día en un héroe.

 

Ricardo era un cordobés chistoso y cuartetero. Un poco mayor que sus compañeros. Iba para los veintidós y había dejado en la Docta a su flamante novia. También debió abandonar su trabajo. Había conseguido un buen empleo en el Banco Provincia. Era el más optimista de los tres y pensaba que en un periquete iban a voltear a los ingleses, regresando sanos y salvos a sus familias y, además, condecorados.

 

Aún estaban bajo la protección de la Virgen del Rosario después de aquel 2 de abril. Sin embargo, cuando todos creían que las tropas británicas se rendían y la victoria estaba asegurada, empezó la verdadera guerra. La más cruel e impensada para los soldados, quienes ya estaban preparando sus equipajes para volver a casa. El 1º de mayo un bombardeo aéreo inglés lanzó el gran bautismo de fuego sobre Puerto Argentino.

Los chicos de la guerra dejaron de soñar el sueño del regreso para internarse en la hostilidad del paisaje agreste. El sueño se convirtió en delirio cuando el frío les congelaba el cuerpo, en debilidad cuando el estómago reclamaba alimento, en miedo cuando la noche oscura los cobijaba o no del enemigo. El sueño pasó a ser la soledad y el insomnio del abandonado a su suerte y a su muerte.

 

El hundimiento del Crucero Manuel Belgrano durante el segundo día de operaciones, fue como un puñal en la espalda que desmoralizó a la tropa argentina.

Los tres amigos estaban en el mismo grupo de combate. Lautaro era el que mostraba más agallas a la hora de ir al frente e infundía ánimo a los otros dos para seguirlo. Caminaban y se desplazaban con rapidez para despistar a los hostiles. Durante el día se mantenían demasiado alertas y tensionados. El estrés asomaba por las noches y entonces Octavio se calmaba llorando y Ricardo, cantando.

 

Un día, cuando ya rendidos más que por los bombardeos ingleses, por el hambre y la fatiga se dejaron caer en actitud de entrega. Hasta el tucumano, que había sido el más corajudo, había perdido toda esperanza. Vencidos se habían dormido sobre aquellos pastos rústicos. Sin darse cuenta, se alejaron bastante del grupo. Las armas que llevaban para defenderse eran inadecuadas y casi ya no tenían municiones. Un ruido ensordecedor los despertó. Una bomba había explotado prácticamente sobre sus cuerpos. Cuando el fuego y el humo se disiparon los tres se vieron y cada uno fue un espejo para el otro. Malheridos y desolados, entre gemidos de dolor llamaban a la madre, a la hermana, a la novia, pero nadie estaba ahí para ayudarlos (ni el mismo Dios).

 

La peor parte la había llevado Octavio, el aniñado, el que soñaba con ser ingeniero… una pierna y un brazo le habían sido amputados en el impacto. Una rosa roja ocupaba el corazón del cordobés. Los pétalos se desangraban en su pecho. Tenía pulso, pero estaba inconsciente.  El cuerpo de Laureano no había sufrido grandes daños. Podía ver, oír, hablar y moverse por sus propios medios a pesar de las lastimaduras, algunas profundas.

 

Laureano no tenía idea de cuánto tiempo había transcurrido. Se sentía abatido, hambriento, con sed, con frío y no podía dejar de escuchar a Octavio gritar del dolor, sin parar y a Ricardo, gemir y con voz entrecortada llamar a su esposa. Estaba seguro que nadie los encontraría y él no tenía fuerzas para caminar ni un kilómetro en busca de los otros soldados. Sus heridas se habían infectado y también se sentía pésimo. Todavía pudo presentir que aquella locura había llegado a su fin porque ya no se escuchaban bombardeos ni se veían aviones desgarrando el cielo.

 

El tucumano abortó su deseo de regresar como héroe sin saber que igual iba a serlo. Ya no podía más ver sufrir a sus amigos y las secuelas que deja una guerra le estaban jugando la mala pasada de la locura. Controló su carabina y comprobó que le quedaban justo tres proyectiles. 

 

Silvana María Mandrille

 

Mención Nacional Género Cuento

21º Certamen Nacional y Países de América del Sur 2023 - Premio Prof. Rosa Ester “Toty” Lui

Los Toldos (Buenos Aires), mayo de 2024